Login or Sign up

Posted by: nico on Dec. 15, 2009

Porqué Copenhagen podría ser un desastre?, Por Bill McKibben, Tomdispatch.com

La mayor parte de los argumentos políticos no son ni correctos ni falsos, independientemente de la pasión con la cual son sostenidos. Se refieren más bien a preferencias humanas - por más cuidados de salud o impuestos más bajos, por una guerra que asegura un determinado objetivo o una paz que deja intacto a cierto peligro. Ocasionalmente tratan de asuntos morales claramente definidos: los derechos de minerías o de mujeres a participar plenamente en la vida pública, por ejemplo; pero lo más usual es que nosotros, incluso los más apasionados por los asuntos humanos, confesamos estar en un cierto lado en el debate, que existen contra-argumentos legítimos (déficit interminables, abortos auto-infligidos, un Al-Queda que prospera). Necesitamos personas con convicciones firmes para sacar adelante los asuntos, una razón por la cual  siempre estoy dispuesto a levantar consignas o firmar peticiones, aun cuando la mayoría entre nosotros estemos conscientes de que tarde o temprano tendremos que llegar a un cierto compromiso.

Es por esto que el proceder normal y operante de la política avanza lentamente, abordando los asuntos paso a paso. Es por esto que yo, desde un principio, pensaba que era poco probable que iniciásemos el camino correcto con nuestra reforma del sistema de salud: un modelo de un solo proveedor público, "single-payer", como en el resto del mundo. Sería un cambio demasiado radical a digerir para el país.  Esto es sin duda parte de la razón por la que ninguno de los candidatos a la presidencia lo apoyó, y que los que lo hicieron no llegaron a ninguna parte.

Estamos, sin embargo, luchando por un conjunto de reformas bastante menos sofisticado que, aun cuando significa un cambio sustancial no es tectónico. Se puede- como en mi caso -despreciar las compañías de seguro y la "Gran Farmacia" por obstaculizar el avance pero ellos forman parte del juego. No cabe duda de que tenemos que cambiar las reglas para que ellos tengan un peso mucho menos determinante.  Pero si esto ocurriese sería seguramente paso por paso y no de un viaje.

Avanzando paso a paso: es extremadamente frustrante para muchos y es, a veces, realmente desastroso. (Acabo de ver la reciente emisión de Bill Moyers con las cintas de LBJ (Lyndon B Johnson) sobre la preparación de la escalada final del la Guerra de Vietnam, en éstas, el presidente y sus asesores cambiaban los números una pizca cada vez hasta quedar hundidos hasta el cuello en "El Gran Barro".  No obstante, este método de incrementales induce, independientemente de lo que se piensa, una cierta estabilidad en nuestros asuntos --  a menudo contribuye a  preparar el escenario para la siguiente movida. 

Es posible que tenemos que esperar años para la próxima ronda de reforma de la Salud pero, aunque en el entretanto, muchas personas sufrirán, sabemos una cosa:  lo que dejamos de hacer ahora no impedirá progresos futuros. Al contrario, puede contribuir a que éstos sean más probables sí, después de todo, la gente se acostumbre a la idea de una "opción pública", así, en la próxima ronda, el sector de seguros no será capaz de crear una imagen tan tenebrosa de la verdadera medicina pública existente.  

Cambio Climático como solamente otro problema político.

Sin embargo, en el caso del calentamiento global es precisamente por esa razón que estamos al borde del precipicio y por lo que, independientemente de lo que ocurra, los debates que se abren esta semana en Copenhagen serán un desastre. Porque el cambio climático no se parece a los otros temas que hemos tratado. Porque los adversarios no son Republicanos, o socialistas,  o un déficit, o impuestos, o odio a la mujeres, o racismo, o cual cualquier otro de los problemas que normalmente enfrentamos -- adversarios estos que pueden cambiar con el tiempo, desgastarse o ser refutados o desechados. El adversario ahora es la física. 

La física ha impuesto un límite irrevocable a la vida en la forma que la conocemos en esta planeta. Desde hace dos años conocemos cual es este límite: el equipo de NASA, encabezado por James Hansen, nos lo identificó. Ningún valor de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera que supera 350 partículas por millón es compatible con "el planeta en el que la civilización se desarrolló y a la cual la vida en la tierra se adaptó". Este límite no cambiará: sobre 350 y, tarde o temprano, la capa de hielo se derrite, el nivel del mar se eleva, los ciclos hidro-lógicos se desintegran etc..

Aquí está el asunto: La física no sólo impone su límite propio sino también un límite en el tiempo. No encontramos otro desafío igual,  ya que cada año que pasa sin que nos ocupemos del asunto la situación empeora cada vez más y llega, por lo tanto, el momento cuando ya no hay solución -- cuando por ejemplo el escarcha permanente del Antártico emite tanto gas metano al atmósfera que no será posible revertir la situación. Y, aun sí el Congreso de los Estados Unidos y el Comité Central del Partido Comunista Chino prohibiesen todos los autos y las centrales eléctricas,  sería demasiado tarde.

Y el nivel actual de CO2 en la atmósfera ya está en 390 partículas por millón, al tiempo que la cantidad de metano en la atmósfera ha aumentado repentinamente los últimos dos años. En otras  palabras estamos ya en el otro lado.  No estamos más en condiciones de "impedir" el calentamiento global, quizás solo impedir que aumente a tal punto que destruirá todas nuestras civilizaciones. 

Es así: Cuando Barack Obama llega a Copenhagen tratará el calentamiento global como un problema político más, ofreciendo para 2020 algo como un 17% de reducción de nuestra emisión de gases de invernadero con respecto al nivel de 2005. Esto significa un corte del 4% con respecto al nivel de los 90, que es el punto de comparación estándar, y esto a pesar de que los científicos han calculado que se requiere una reducción del 40% en las emisiones de los principales países industrializados para tener la esperanza de retornar a la seguridad.

Aun así, estos 17 por cientos  pueden resultar demasiado para el Senado.  Vean lo que escribió el Senador Jim Webb (Demócrata de un estado carbonero) al presidente la semana pasada:

"Quisiera expresar mi preocupación por los informes según los cuales la Administración cree tener un poder unilateral para atar al gobierno de los Estados Unidos a estándares que puedan ser acordados en Copenhagen... Se ha usado la frase "políticamente comprometido". Como Ud. bien sabe, de su época en el Senado, es solamente una legislación específica aprobada por el Congreso, o los tratados ratificados por el Senado, la que puede conducir a un compromiso de parte de nuestro país."

Como sea, el Senado ha decidido que no someterá a debate ningún proyecto ley sobre cambio climático hasta la "primavera", una vez que se haya resuelto la reforma de la Salud, como eventualmente la reforma de los beneficios financieros, y quizás también la regulación financiera. Así se postergará a una fecha muy cercana a las próximas elecciones. 

Por su lado, los chinos están, aparentemente, dispuestos a ofrecer una  reducción del 40% en la "intensidad energética" de su economía de aquí al 2020. Dicho de otra manera, ellos sostienen que utilizarán para esa fecha un 40% menos de energía en producir cada yuan de valor de la mercancías que envían al WalMart. Esto es mejor que nada, pero significa hacer lo que los expertos consideran debería, de todas maneras, pasar a medida que la economía China naturalmente vaya incorporando alta tecnología, haciéndose más eficiente. Con todo, no significa alejarse mucho  del "business as usual".

Los Hindúes, a su vez, casi echaron a su ministro del Medio Ambiente después que los periódicos concluyeran que él estaba comprometiéndo el interés nacional al entablar negociaciones en serio sobre el calentamiento global.

La oposición Australiana, por otro lado, si echó a su líder por suscribir un esquema de intercambio de emisiones ya acordado que habría limitado el carbón -- o sea nada pasará. 

Mientras tanto...

Un desafío único en la Historia

Un nuevo análisis presentado el jueves por un consorcio de "Think-Tanks" Europeos muestra que las distintas ofertas que están en la mesa significan un mundo en el que la atmósfera contendrá 650 partículas por millón y la temperatura subirá cinco grados Fahrenheit. 

Estoy diciendo lo siguiente:  incluso los mejores políticos tratan el problema del calentamiento global como un problema político normal, en cuyo caso se  posible reducir a la mitad la distancia entre los intereses en juego, haciendo lo mejor posible para lograr un consenso que no exige demasiado de ninguna de las partes, pero reduce, sin embargo, la presión política durante algunos años -- momento en que tu (o posiblemente alguien muy distinto) tendrás que tratar el asunto de nuevo.

Obama hace lo mismo con el cambio climático que hizo con la Salud. Actúa con un total realismo político, negándose a convertir lo perfecto en enemigo de lo bueno (o más bien del mejor-que-Bush).  Hace lo que tendría sentido en casi cualquier otra situación.

Desgraciadamente, en este caso el enemigo es implacable. Enemigos implacables surgen raramente. El mejor paralelo humano al rol que juega la física en esto podría ser el fascismo en la mitad del siglo pasado. No fue apaciguada, tampoco se intentó convertirlo en un asunto político normal. Fue necesario llegar a fondo, transformar toda la base industrial del país para combatirlo, postergar otros asuntos, exigir sacrificios. 

Aun así está claro que no estamos tratando el problema de esta manera.  El Presidente,  por ejemplo, no se ha embarcado en una campaña permanente para advertir a todos sobre el peligro.

Es cierto que, cuando fue a la China, logró algunos acuerdos interesantes en materia de cooperación en tecnología automobilística, pero esto no iguala el buscar aliados de tiempos de guerra.

Las largas reuniones nocturnas del Senado tampoco llegan a conclusiones sobre como movilizar los recursos, ni la gente del país, para la luchar por salvar la planeta. El senador de Missouri, Claire McCakill resumió así la deposición: "No creo que nadie se entusiasma con hacer algo realmente, realmente grande otra vez, algo realmente difícil que irrita a todo el mundo".

Hay entre nosotros personas que han tratado abrir un espacio político para que los lideres del mundo avancen hacia este desafío.  Creamos un movimiento global en 350.org que logró realizar "el día más global de acción política en la historia del planeta" (es por lo menos lo que sostiene CNN). En algunos lugares, incluso desató el resultado deseado. Noventa y dos 

naciones, todos pobres y vulnerables a los primeros efectos del cambio climático, han endosado la radical meta de 350.

Algunos de estos lideres, como Mohamed Nasheed, el presidente de las Maldivas, un país compuesto por más de mil islas en el Océano Pacífico, han surgido como tigres listos para la pelea.

A nadie le sorprendería verlo a él liderar algún tipo de protesta en las negociaciones de Copenhagen, dado sus repetidas declaraciones de negarse a ser parte de un "pacto suicida" para su plano país; en otra palabras él no está dispuesto a tratar el calentamiento global como un asunto político usual.

No logramos,  sin embargo, atraer la menor persona de la Administración de Obama a alguna de las más de 2000 reuniones que realizamos a lo largo del país. Nadie tenía interés en ocupar el espacio que le estábamos abriendo. Si los Estados Unidos tienen tanta voluntad para tratar el cambio climático como "politics-as-usual" o política de costumbre la mayoría de los principales actores los seguirá. 

Firmarán algún tipo de papel en Dinamarca -- eso quedó claro el viernes en la noche cuando Obama anunció que llegaría al cierre de la reunión.  Los lideres europeos y algunos grupos del medio ambiente pueden así calificarla de un "éxito cumplido" y seguiremos con más años de negociaciones. Mientras tanto, la física continuará operando, la escarcha permanente y hielo del mar continuarán derritiéndose, la sequía expandiéndose.       

Es algo que nunca antes hemos enfrentado -- y lo hacemos como si fuese igual que todo el resto. Eso es el problema.

Bill Mckibben, es autor de 10 libros, el más reciente Deep Economy: The Wealth of Communities and the Durable Future. Es investigador residente en Middlebury College, Vermont.

tradduccion por Gunilla Ryd, www.m-e-dium.net 

Comments on This Post:

Please Login (or Sign Up) to leave a comment